Underground

 

Lo bien que hace salir de nuestro país al mundo desarrollado, editorializa hoy viernes 20 en “La Segunda” nuestro cronista Jorge Edwards y las emprende con el caso Matute Johns ejemplificando. Está hablando de civilidad y cultura, de respeto en el deambular callejero, de no violencia, de tolerancia, inspirado y se nota. Hace mucho que insistía majadero en una posición contemporizadora a ultranza quedando “fácticamente” bien con quienes hay que quedar bien, en una suerte de escamoteo a la espinuda historia. Afortunadamente, para el lector, hoy muestra su garra de escritor y humanista distanciándose de la encíclica y a veces también la filípica, que nos recordaban más a monseñor que al escritor.

Y es cierto, ir por tierras donde se respeta el saber, donde la gente sale a horas razonables del trabajo y lee y comparte, donde no hay que andar arrancando de los delincuentes y los autos, donde se puede entrar a un Gardenbook a tomar un café y hojear libros, donde tirar un papel desde el auto cuesta 500 dólares y 1.000 a la próxima, donde el responsable de una pierna rota o un yogurt descompuesto es efectivamente responsable y juzgado por eso, hace entre otras muchas, la diferencia o el abismo. Nuestra ideología neoliberal chilensis, que confunde oportunidad con cacería o carnicería, paz con consumo, fondos públicos con fondos por turnos, educación con técnicas, razón con quien la impone, sueldos con propina, pedofilia con respeto a la familia, difícil que, aunque las mañosas cifras nos destaquen, recomponga el dañado tejido social y la humana convivencia. Hay algo anterior, perverso en su origen, en reglas de juego y cartas marcadas, en fortunas amasadas a expensas de todos, hay hipocresía y silencio, esquizofrenia dentro de la cual cuesta educar a los hijos porque la corrección y dignidad se ha vuelto enemiga del mentado “éxito” 

Edwards, en su crónica, se inclinaba por la tolerancia, el humanismo de la tolerancia decía, mas, continuaba, hay veces que se hace necesaria, reaccionaba contra el salvajismo, ineludible la intolerancia, y ese era, es el único punto donde no estamos de acuerdo, porque no se trata de intolerancia, de la cual, harto ya sufrimos en la propia carne, sino de complacencia, que es distinto; nuestro modo de vida neoliberal es efectivamente complaciente. Subyugados y obedientes. El ciudadano, el derecho ciudadano brilla por su ausencia.