Algunas ideas sobre mi lectura del libro de cuentos “Santos de mi devoción”
José Leandro Urbina.
Permítanme comenzar citando una reflexión que considero podría ser uno de los pilares, o estar a la base, si se quiere, de uno de los impulsos creativos de parte del libro de Roberto Rivera. Se refiere al poder del dinero, a la conciencia inequívoca de lo que el dinero moviliza y provee. Esa ficha de intercambio que como el lenguaje puede configurar las ficciones más perversas. No es que sea el fragmento que leeré a continuación la matriz de cuentos como el que le da nombre al volumen, “Santos de mi devoción”, o de “Un ligero material ”, pero quiéralo o no Rivera, presiento una conversación de sus textos con ese famoso fragmento de Karl Marx en los Manuscritos Económicos y filosóficos de 1844, leído durante nuestra juventud universitaria.
“Lo que mediante el dinero es para mí, lo que puedo pagar, es decir, lo que el dinero puede comprar, eso soy yo, el poseedor del dinero mismo. Mi fuerza es tan grande como lo sea la fuerza del dinero. Las cualidades del dinero son mis —de su poseedor— cualidades y fuerzas esenciales. Lo que soy y lo que puedo no están determinados en modo alguno por mi individualidad. Soy feo, pero puedo comprarme la mujer más bella. Luego no soy feo, pues el efecto de la fealdad, su fuerza ahuyentadora, es aniquilada por el dinero. Según mi individualidad soy tullido, pero el dinero me procura veinticuatro pies, luego no soy tullido; soy un hombre malo y sin honor, sin conciencia y sin ingenio, pero se honra al dinero, luego también a su poseedor. El dinero es el bien supremo, luego es bueno su poseedor; el dinero me evita, además, la molestia de ser deshonesto, luego se presume que soy honesto; soy estúpido, pero el dinero es el verdadero espíritu de todas las cosas, ¿cómo podría carecer de ingenio su poseedor? El puede, por lo demás, comprarse gentes ingeniosas, ¿y no es quien tiene poder sobre las personas inteligentes más talentoso que el talentoso? ¿Es que no poseo yo, que mediante el dinero puedo todo lo que el corazón humano ansia, todos los poderes humanos? ¿Acaso no transforma mi dinero todas mis carencias en su contrario?”
Los dos cuentos mencionados podrían ciertamente considerarse como la reescritura de un Manual de instrucciones para príncipes neoliberales, podrían ser parte de un moderno Libro de los exiemplos. ¿Será esta una tendencia de la literatura globalizada? Hay un creciente número de testimonios novelados sobre grandes operaciones comerciales, sobre audaces apropiaciones de industrias, y adquisiciones fraudulentas llevadas a cabo por grupos económicos y sus ejecutivos. Lo que en el norte (EEUU) representa el esfuerzo por celebrar y solapadamente heroizar a una clase de individuos sospechosos de fraude, causantes de crisis económicas, especuladores terminales, ejemplos también de vanalidad, elevados, por el dinero que trafican, a figuras “importantes”, que proveen portadas a las revistas de negocios, y que necesitan ahora ser ficcionalizados, ellos y su mundo, para adquirir el estatus que solo la ficción puede dar, no pasa en los cuentos de Rivera. La ironía con que se narran los milagros económicos o los vericuetos del poder, deshace toda posibilidad de vindicación. Sin embargo, los mecanismos de la ficción todavía muestran su efectividad.
En el caso del cuento “Santos…” es el Eleodoro Rebolledo, próximo a ser Echeñique, o sea el personaje mismo, quien adivina que para poder acceder al dinero, a ser millonario, debe inventarse, debe escribir un cuento que sea verosímil no sólo para los demás sino para él mismo. Cambia su nombre y sigue la ruta de la usura, la de los negocios turbios, para luego blanquearse y convertirse en el ingeniero triunfador y honorable que es festejado por la sociedad.
Si leemos el primer cuento “El castigo contable del señor Müller” podríamos, tal vez, identificar en la voz que por teléfono extorsiona a un anciano, un personaje de la misma familia.
En este mundo se mueve Rivera como pez en el agua, dueño de detalles que el común de los mortales sufrimos pero desconocemos: dinero, finanzas, dolo, fraude, atropello son los elementos fundadores de un nuevo mundo feliz.