Familia Desconocida.

 

Argumentar en nombre de la familia, implica sin duda el intento de referirse a todos, los chilenos en nuestro caso, con el evidente peligro, claro está, de excluir a nombre de la familia a muchos chilenos que no la tienen. Ahora bien, argumentar a nombre de alguna familia con apellido, fuera éste el apellido que fuera, conllevaría un peligro aún mayor, porque a lo anterior – excluir a los que no la tienen – se sumaría la grave consecuencia de dividir y desintegrar la base misma de nuestra sociedad.

Como bien se sabe, la Familia Occidental tal como hoy la conocemos, tiene su origen en la Roma clásica y ésta a su vez en la Griega. Pero es Roma la que definitivamente, fortalecida con el Catolicismo y en las leyes relativas a la herencia o el Código Civil por así decir, la que funda o deviene en la familia tal como hoy la conocemos, el núcleo básico de organización social, con un padre, madre, legítimos y sus hijos o herederos, también legítimos. Muchos de estos núcleos básicos con un origen común, más los que no tienen la suerte de tenerlo, son los que forman al final de cuentas un país.

De alguna manera y en sus fundamentos, podemos distinguir, una estrecha relación entre la familia, la propiedad privada y las leyes de la herencia, y al hablar de propiedad privada, estamos hablando también del lenguaje, y del uso del lenguaje como instrumento de poder, desde los orígenes de la propiedad privada misma. La Retórica, o el arte del discurso argumentativo o de persuasión surge hacia el año 485 a.C. precisamente, y su fin es dirimir los primeros derechos sobre la propiedad, a esa fecha confusos por deportaciones y expropiaciones. Para convencer a ese jurado público de la época, digamos que había que ser persuasivo y elocuente, de una persuasión capaz de hacernos dueños de la tierra, y cuya herencia a nuestra muerte, recaería en la familia legítima.

Así el término legítimo, es, o se vuelve consubstancial al concepto de familia. Para ser familia, por así decirlo, necesariamente se debe ser legítimo.

Tal vez por este motivo es que, muchas veces la voz autorizada en nuestro país, habla en nombre de la familia, dando con ello legitimidad incuestionable a sus argumentos; aunque en este punto y en Chile es doblemente complejo el argumentar en su nombre, ya que abunda desde sus orígenes mismos y hasta la actualidad, bien sabemos, el hijo fuera de la familia o “huacho” que quedaría excluido de este grupo básico y que recién hoy, gracias a la nueva ley, es legítimo. Pero más allá de estos, pongámosle detalles, la Iglesia por ejemplo, refiriéndose a todas las familias de la patria, habla en nombre de ella y emite su opinión, respecto de la droga, el aborto o el uso del condón, como enemigos de la familia, y por ende de lo legítimo, y lo hace, qué duda cabe, a nombre de todas las familias de la patria, de todos los chilenos, como un conjunto fraterno e indivisible, aunque en algunos de estos puntos más de alguien pueda discrepar.

El siglo XVII, ya sea en defensa propia o de intereses particulares, en la misma Italia que alberga a Roma, vio nacer grupos extraños, violentos, que hacían justicia por la propia mano y que devinieron con los años en mafias que se hicieron llamar paradojalmente “familias”, como los Corleone, o Soprano ahora, en una serie televisiva. Al hacerse llamar familias y distinguirse por ello, también indicaban una aspiración, de ascenso social, de figuración, poder, dinero, etc. pero por sobre todo de legitimidad, al parecer lograda al cabo de los años por los herederos de muchos de ellos. Pero esta familia, no es un tipo de familia a la cual se refieran los voces autorizadas de la Iglesia por ejemplo, sino muy por el contrario.

Por eso, al referirse a la familia y a Chile, a la familia chilena, resulta desafortunado ponerle apellidos, sean estos los que fueren, porque abundan los que no tienen familia primero y porque más que reconciliar e integrar, o por último discrepar, provoca división y desintegración, y lleva sin quererlo a quien lo dice, precisamente a deslegitimarse y ponerse más en el papel de los que surgieron en la Italia del siglo XVII, que en la auténtica familia chilena, esa familia solidaria, tolerante y generosa, que no tuvo reparos en aceptar como Padre de las Patria a Bernardo O´Higgins.


Roberto Rivera Vicencio
Escritor