-¡Válame Nuestra Señora! -respondió Sancho, dando una gran voz-. Y ¿es posible que sea vuestra merced tan duro de celebro y tan falto de meollo, que no eche de ver que es pura verdad la que le digo, y que en esta su prisión y desgracia tiene más parte la malicia que el encanto?
La desigualdad pareciera ser uno de los dramas que acompañan al ser humano desde que tiene conciencia de sí, dominantes y dominados en una suerte de rito social consumado adhieren o se integran necesariamente a modelos de convivencia donde con mayor o menor suerte la distancia que separa a unos y a otros adquiere desde rasgos de humanidad y compasión hasta, en distintos momentos históricos, características de abuso y perversión y donde los que provenimos de la cultura judeo cristiana, podemos sin faltar a la verdad catalogar estas prácticas directamente como pecados capitales.
América y específicamente nuestro Chile, producto del mestizaje de nuestros pueblos originarios con el invasor, genera un tipo de desigualdad básica que se proyecta hasta nuestros días como un sustrato de fondo siempre presente en el resto de las desigualdades. Y no es que en nuestro mundo precolombino estas desigualdades no existieran, sino que se nos muestran lejanas y sin incidencia con nuestro modo de vida posterior; sin embargo, no en vano el invasor prontamente se encontró con fieles colaboradores en su misión de conquista a los que se les llamó despectivamente yanaconas. Al parecer las campañas de Cortés y Pizarro no hubieran tenido el éxito que tuvieron sin estos ingenuos colaboradores. La entrada de Pizarro a Cuzco fue precisamente antecedida por estas huestes, etnias disconformes que derrotaron a los restos del ejército atawalpista en las alturas de Sacsayhuamán. El mundo feudo-colonial estratificó o dio forma definitiva a prácticas de discriminación y desigualdad, como decíamos, que se proyectan hasta nuestros días: un apellido indígena o una fisonomía identificable con nuestros pueblos originarios siguió y sigue siendo un estigma de marginación, o el primer sustrato de marginación y desigualdad.
Es en este mundo heredado de concepciones feudales y estructuras sociales de dominación sostenidas ideológicamente por la Iglesia Católica más conservadora, que se desarrolla un movimiento laico y popular que culmina en gobiernos como los de don Pedro Aguirre Cerda quien bajo el lema de “Gobernar es Educar” abre los cauces a la modernidad, a la industrialización y al empleo, a los sistemas de jubilación solidarios, dando impulso al Servicio de Seguro Social, a la seguridad social con el Servicio Nacional de Salud, a la educación pública y gratuita, en un proceso que desemboca treinta y cinco años después en el gobierno de la Unidad Popular al mando de don Salvador Allende Gossens, quien nacionaliza las riquezas básicas, prosigue con la Reforma Agraria y genera con las cuarenta medidas básicas, la estructura productiva y social más democrática que se haya conocido en nuestro Chile que termina como todos sabemos en uno de los golpes de Estado más sangrientos que se tenga memoria.
La Junta Militar rápidamente desmonta los sistemas de seguridad social solidarios y en los diecisiete años siguientes irá, luego de un sistemático saqueo de las propiedades productivas fiscales y de las riquezas básicas, en un proceso privatizador -eufemísticamente llamado “modernizador”- consistente en entregar a privados a precios irrisorios o directamente gratis desde el agua, el gas, la electricidad completa, los mares y la pesca, las comunicaciones y telefonía, la gran minería, la salud y las jubilaciones, etc. etc., estructurando un sistema de inequidad sólo comparable con los países más atrasados de la tierra. El proceso post dictatorial iniciado en los ’90 por la llamada Concertación de Partidos por la Democracia, no logra, o en lo íntimo no pretende alterar en nada la estructura socio económica montada por la dictadura, antes al contrario, saca de circulación toda la prensa y medios de comunicación que podrían servirle de apoyo –y fuera de la entrega de algunos dineros asistenciales y subsidios, el plan AUGE en medicina- complementa este proceso privatizador entregando a precio liquidación lo que resta de la gran minería del cobre, teléfonos, gas, agua, dando curso a otro proceso generador de nuevas y mayores inequidades, un sistemático proceso de concentración económica, permitiendo fusiones e integraciones, con el resultado que, luego de los despidos masivos, una o dos empresas, máximo tres por rubro manejan íntegramente el mercado y superan por amplísimo margen los estándar aceptados de monopolización, así ocurre con los bancos, las farmacias, supermercados, tiendas, retails, comunicaciones, cable, radio, televisión, seguros, seguros médicos, fondos privados de pensiones, etc., y en paralelo, masificando a la vez las tarjetas de crédito como medio de pago, dan curso a la llamada bancarización, que permite –provocando la llamada sinergia de fuerzas antepuestas que se potencian y que culminan en un vulgar despido masivo- integrar al banco las empresas antes competitivas e independientes como los leasing, factoring y confirming, corredores de bolsa, seguros, cobranzas, etc., superando ya por amplísimo margen los porcentajes aceptados de participación de mercado, dando curso a un proceso oligopolizador, de modo que mercado y precios y por añadidura el mercado laboral son de su absoluto manejo y dominio, generando un amplísimo espectro de subempleo y empleo precario. Corona el desaguisado un pésimo transporte público que queda en manos de sólo tres operadores y toda transacción, o compra de boleto, deja un 10% por ciento de utilidad neta por la pasada a los bancos –que introducen la tarjeta BIP para el pago del pasaje, en un mercado que transa 9 millones de dólares diarios- en tanto el Estado o el Fisco “pierde” cientos, casi miles de millones de dólares anualmente por este concepto. Y ya que estamos en el transporte, por sobre la histórica ruta que cruza el país, la Panamericana, remozan la vieja vía, instalan una doble de ida y vuelta y por supuesto también se privatiza, pero ya no se llama Panamericana del hermoso himno que decía “Argentina, Brasil y Bolivia…son hermanos soberanos de la libertad…” sino su nombre es ahora “ruta N° 5”, que no dice nada ni significa nada más que cobrar un peaje. Una ruta al contado rumbo a la pérdida de referentes y al olvido. Una ruta que de libre no le queda nada, que en las fechas peak te puede hacer perder horas, tal cual, horas ante las barreras, tacos de 80 kilómetros, de Angostura a San Bernardo, en pos de cobrar a cada cual su peaje. En tanto la ley dice que ante un atolladero semejante deben abrir el paso.
Los niños desiguales.
En lo manifiesto quien nace en nuestro Chile, nace en uno de los países más caros del mundo, por lo general, en un porcentaje del 78% en un hospital público, es decir pobre o muy pobre, haciendo esfuerzos de no nacer antes de tiempo, porque si así fuera, nacerá en la sala de espera o en un baño como tantas veces ocurre, apenas tendrá alguna relación con su madre dentro del primer año de postnatal, ocupada de sirvienta en jornadas extenuantes y, con suerte si su madre pertenece a los privilegiados que tienen un trabajo estable, podrá financiar una sala cuna, o encargarlo a los vecinos mientras se va de aseadora o temporera a recoger frutas de marca que, packing de por medio, y en velada extorsión a través del adelanto y del crédito, fertilizantes y semillas, manejo mañoso de la utilidad en el exterior y el tipo de cambio al interior, se han ido adueñando de los campos de los pequeños y medianos productores en lo que ya conforma un neo latifundismo de propiedad multinacional.
Difíciles serán entonces los primeros años de este pequeño antes de ingresar al colegio, con escasa presencia de sus padres y más encerrado que disfrutando de la tierra, el agua, el aire, el juego arriesgado y hermoso de la vida, porque para mayor complejidad, el entorno se ha vuelto amenazador…con suerte ingresará a la primaria en alguno de los liceos fiscales cuya calidad –de nula inversión y exiguo presupuesto- se ha deteriorado de tal manera que no podría competir a futuro por mejores colegios en la educación secundaria y como decía Robert Walser, aquí nos enseñan para ser sirvientes, redondos como una bola, y ese es el resultado, una infinidad de redondos sin acceso a nada, grafiteros, pokemones, barristas, pasto para perderse en cualquier esquina, en cualquier titular de diario a página completa dedicado al reality, a la última bobada de la TV -y sólo en eso están empeñados el casi 100% de los medios de comunicación- por ello, en el mejor de los casos podemos esperar un futbolista. O si logró una mejor educación en algún colegio particular de barrio, es decir, a años luz de distancia de los colegios de élite, con enorme sacrifico de sus padres, entonces, recién entonces se abre una pequeña puerta a la educación técnica, al instituto de formación profesional, para proyectarse como subempleado de alguna transnacional, sin ninguno de los beneficios de los afortunados del último quintil de mayores ingresos, el 20 % de mejores ingresos del país, que lleva a engaño, porque de este grupo, sólo el 5%, tal cual, sólo el 5 % o el 8% como máximo de la población del país puede llegar a fin de mes sin tomar deudas. Lo que equivale a decir que, el éxito del supermercado por sobre la feria libre de productos frescos del productor al consumidor, al igual que el de la multitienda, radica en la venta a plazos de la tarjeta de crédito, concluyendo que al menos un 90% de los chilenos se alimenta a crédito, o come pésimo al contado -si no tiene acceso a la tarjeta- en una bola de nieve que crece o excluye, según sea el calificador financiero.
Miles de estos egresados de educación secundaria, especialmente en regiones, apenas saben leer; así la cruda realidad. La movilidad social estos jóvenes, lo saben, es nula, no existe. Por ello, las abuelas, que la suerte de los tiempos ha puesto más cerca de estos niños de padres ausentes, se atreven a incursionar en el micro tráfico como una manera de ayudar en sus gastos y formación, con el peligro siempre cierto de arrastrarlos a los carteles que ya conforman en los barrios populares pequeñas administraciones paralelas al poder central. La entrada en la adolescencia es una lotería que, sólo las familias más cohesionadas y unidas logran sortear sustrayendo a los retoños de los que dieron el mal paso, o nacieron allí, en el negocio mismo de la pasta base que llevan y promueven en la escuela. Para estos jóvenes y niños formados en los amplios márgenes del delgado Chile, el término áreas verdes y recreación queda fuera de su léxico, porque en sus barriadas no se contempló la plaza pública ni el parque, ni estadio tampoco, por optimizar recursos dirán, dicen los arquitectos de la desigualdad, constructores de amplias praderas grises, pedregales de desencanto, hacinamiento y promiscuidad.
En las antípodas y las imágenes.
Un mundo sonriente, siempre sonriente y del mejor humor es el que construye este imaginario del consumo y la felicidad, parajes incontaminados, piscinas y parques, seguridad, ocupando con sus viviendas las otrora plácidas praderas de los contrafuertes cordilleranos y las revistas de decoración; un mundo aparte, segregado, con sus propios colegios, centros comerciales, centros médicos, etc. sin conexión ni voluntad de conectarse con el resto de la sociedad, excepto las carreteras exclusivas por donde bajan a ejercer el poder. Ese es el modelo que repiten incansables los medios, un paraíso familiar que roza la asepsia por un lado, sostenido ideológicamente por grupos católicos fundamentalistas como el Opus Dei y los Legionarios de Cristo, y por otro y al mismo tiempo, una muy curiosa promoción erótica general, permanentemente juvenil y erótica, desde la ropa interior, vale, cruzando todo el espectro del consumo, de un barrido a un trapeado, confusa, lesbo gay, en todo, en cuanto se coma, beba o se ponga encima, un mundo cargado finalmente de un erotismo que no es tal, porque en la vuelta de tuerca ya estamos en la pornografía pura, a un paso con sus divas de la banalidad y el escándalo, las mujeres de Chile en el imaginario, en el santo hogar y en el neo mercado del pubis pulcramente afeitado, así, santidad, asepsia y pornografía conviviendo armónicamente en el modelo de la desigualdad, la homosexualidad como modelo de ascenso social, modelo que promociona el despelote y el caos como uno de sus más fuertes pilares de dominio y manipulación -claro- con un coste agregado que finalmente poco importa en la última línea del balance, el resultado final de las utilidades, pues bajo aquellas imágenes permanentes de la publicidad se manifiesta una realidad no menos acorde, una suerte de neurosis esquizoide, de bipolaridad agresiva y depredadora, en la cual recalan los niños alpha formados en una vanidosa auto referencia, asegurados en redes y establecimientos que ni un cataclismo lograría desbarrancar. Un mundo miope y ciego, preparado desde los tiempos marciales para mantener el sistema a como dé lugar, carente de sentidos excepto el gusto por así decir, el tragar, sin piel, ni olfato, ni ojos, ni oídos, insaciable en su demanda, de utilidades, de todo más y más, jale incluido; frente al inmenso resto social, o los otros inmensos grupos sociales que habitan un mundo similar, pero en las antípodas, sin piel, ni olfato, ni ojos, ni oídos, el mundo de las barriadas y poblaciones, de ingesta sin sabor, mejor dicho hambre, insatisfacción, ingesta desbocada, de lo que venga, pasta base y hamburguesa, vienesa completa, marihuana y vino en cajas, un mundo que en cualquier situación estalla, en el concierto de rock y en el estadio, en la parada de la micro y en Punta Arenas y Aysén, en Temuco y Dichato también, conformando así una suerte de frágil consenso para la convivencia nacional, de mecha corta, que se mantiene sujeto con un fuerte contingente de fuerzas especiales, yanaconas de la modernidad, en constante crecimiento y cursos de adiestramiento promocionados como orden y seguridad. Cada mañana hoy, recobrando los mejores tiempos de dictadura y sumisión, el contingente policial ha tomado por cuartel la esquina más concurrida del país, Alameda Bernardo O´Higgins con Ahumada, allí se forman militarmente y hacen su fanfarria de combate a vista y paciencia del disciplinado contribuyente que enfila al lugar de trabajo que a ambos nutrirá.
Ambiente y medio ambiente.
Hace cuarenta años Chile había logrado erradicar del todo las enfermedades venéreas y la tuberculosis, hoy están de regreso en todo su esplendor. La medicina social había avanzado de modo que su Norte era la prevención, hoy la urgencia y las listas de espera son eternas, muchos pacientes –salvo las enfermedades amparadas en el AUGE- cuando llega su turno llevan meses bajo tierra, los hospitales públicos no tienen mantención ni inversión y se mantienen al borde del colapso, y si no fuera por una planta de personal que podríamos catalogar de “misioneros heroicos” ya habrían dejado de funcionar, con pésimos sueldos y sin recursos, mantienen a todo trance la estructura que, los mercaderes de la salud, majaderamente insisten en privatizar, eso, derivar los pacientes a sus clínicas privadas y que el Estado les pague a buen precio sus servicios, precio que por motivo alguno están dispuestos a inyectar a este hospital. Vía sueldos, han tentado y tientan a los mejores profesionales y funcionarios públicos de la salud para llevárselos a sus clínicas privadas, sin haber invertido un peso en ellos, porque su formación en parte importante o totalmente la hizo el Estado, al igual que los largos y difíciles años de práctica en el hospital público, es decir, limpiamente extraer a costo cero las castañas con la mano del tigre. Valga reconocer que, muchos de estos profesionales, a despecho de los mercaderes y con enormes sacrificios, por horas y días completos, siguen prestando sus servicios a la salud pública y la docencia.
Las condiciones de vida donde se incuban estos enfermos no son las más adecuadas tampoco, las casas sociales se han reducido a una superficie de 35 M2 por familia en total y sin patio, superficie que es menor a las de cualquier cocina de casa o departamento de los barrios ricos. En estos 35 metros conviven por lo menos dos pequeños y dos adultos, que como decíamos no cuentan con parques ni plazas cercanos, como se trata viviendas pareadas, con separaciones de panel usted puede perfectamente escuchar los ronquidos del vecino, que si ese día comieron como corresponde por algún trabajito extra, podría hasta escuchar algo peor.
Jubilaciones irrisorias han dejado a nuestros viejos en la indefensión completa, allegados en las casas de sus hijos o tirados en algún hogar de misericordia, por ello, los rostros que vemos transitando por las calles no son los más felices, antes al contrario, rostros complejos, amargura y tensión, eso es lo que vemos, y aunque las cifras e índices siempre mejoran, en la cotidiana no tienen reflejo alguno, y al fin del mes, cautela, porque algún desesperado puede arrebatarnos, o cuchillo al cuello, hacernos entregar lo que llevamos encima. Muchos, tal vez demasiados son los que han llegado a estas conclusiones, y por ello no trabajan, porque basta un lanzazo para obtener lo que les llevaría un mes de disciplina y esfuerzo, y que además, después de los dineros de la locomoción, lo que queda es nada. Trabajar honestamente entonces ha dejado de ser un mérito, de tal forma que los que trabajan en esas condiciones más bien son catalogados de “giles” o subnormales, y si se mantienen en los trabajos, muchos de ellos es por el acceso al hurto, la otra manera de “cobrar” por su trabajo, ya que estando cerrados los caminos de las conquistas sociales, vía persecución de dirigentes, listas negras y cesantía, prefieren este “contrato” de trabajo que el empleador lleva sin alterarse directamente a costos. Un ítem preferible de concebir por sobre las movilizaciones y las huelgas.
Renegociar las deudas de agua y luz no es nada complicado hasta el segundo mes, lo importante es el pago, con los intereses generados en el intertanto por supuesto. Las compañías de electricidad se quejan porque los deudores, muy especialmente en los barrios populares, después de este segundo mes de no pago, tienen la costumbre de colgarse gratis, y cada tanto la prensa entrega cifras siderales de colgados y “pérdidas” por este concepto, que bien se cuidan de cobrar en las tarifas al resto, a las capas medias que de pudor no hacen lo mismo, y los más ricos para los cuales este costo es marginal e insignificante. Junto con ello promocionan la urgencia de generar nuevas fuentes de energía eléctrica que el país necesita, porque la red no dará abasto al proceso productivo en expansión, nuevas centrales termo e hidroeléctricas, que han terminado por imponer donde se les ocurre, en el Alto Bío Bío, y ahora sueñan con inundar la Patagonia, muy al Sur de Chile, para alimentar las mineras del Norte, es decir, más de 3000 kilómetros de torres y cables para las multinacionales del cobre; un proyecto insensato que no medita ni un segundo en los daños y efectos colaterales, ni tampoco en una razonable redistribución territorial energética, no contempla incluir la energía eólica, abundante en nuestro país en extensas zonas que podrían autoabastecerse, ni tampoco la energía solar y marina que fácilmente podrían dar energía a grandes áreas desérticas y costeras. El argumento esgrimido es que son antieconómicas, y seguramente lo son para las grandes compañías eléctricas que lucrarían menos, pero no así para el vecino común, que al largo plazo pagará menos y no verá su hábitat intervenido y dañado por la codicia de quienes, toda la electricidad del país y su distribución se les entregó gratis o casi gratis, en pos de unas utilidades, que fuera de su bienestar por sobre todo rango razonable, no sirven para nada, absolutamente para nada, porque cuando venga la crisis, la responsabilidad será de los excesivos beneficios sociales que el Estado otorga a los pobres y a los trabajadores, el “Estado de Bienestar” se dirá, ese será el problema, la casita de 35 metros cuadrados, el hospital indigente, las jubilaciones menesterosas, el no haber impuesto la ley de “flexibilidad laboral” eufemismo que esconde el despido sin motivo y de paso sin indemnización. Ahí radicará el problema. No en las utilidades privadas excesivas de los grandes grupos económicos; no, no en las políticas económicas depredadoras que arrasan con el medio ambiente; no en los descuidados cultivos de salmones que –además de infectados- arruinan el fondo marino impidiendo el desarrollo y crecimiento de otras especies; no, no en las pesqueras de arrastre llevándose generaciones completas de pelágicas que auguran una pronta extinción; no, no la Cía. Minera Nevada S.A. de Barrick Gold (Pascua Lama), cuya mina de oro destruye ahora, en este instante los glaciares milenarios; no, no la planta maderera de Valdivia de Angelini, que destruyó su hábitat y exterminó los cisnes; no, no los cultivos transgénicos que destruyen las tierras, introducidos entre gallos y media noche, sin indicar los lugares donde se asientan y que matan las abejas polinizadoras y de paso hibridizan las semillas naturales volviéndolas vanas, no. Todo ello y más, sin permiso de nadie, aunque pueblos enteros se contagien y sufran dolores de cabeza (Puchuncaví), cáncer (Ventanas), niños nacidos defectuosos producto de la manipulación de frutas con desinfectantes de madres temporeras, en resumen un sistema andando sin respeto por el ser humano y sus condiciones, sin responsabilidad social ni medio ambiental ninguna, que jamás pide permiso previo y si es que, piden disculpas cuando la catástrofe está consumada.
Cremas dermatológicas.
Justificar un sistema tan desigual y absurdo al fin, es sin duda una tarea ardua que precisa de una estrategia y de ingentes esfuerzos monetarios , un aparato ideológico despolitizador, y por supuesto un amplio espectro comunicativo en todos los planos, lo cual se cumple a cabalidad en ¿nuestro? Chile. Televisión, radios, diarios, todo en poder de privados, conglomerados afines, con una cantinela constante tipo Orwell ´84 con los beneficios del sistema y horror a lo diverso y distinto; y hacia el mundo popular un mensaje de completa estupidización, de pies a cabeza, mensajes tramposos y abyectos, desde la publicidad, el comentario interesado y perverso, la banalidad y el reality como la noticia del momento, el fútbol que se lleva medio noticiero, 24 horas de desinformación y un férreo control laboral en todos los planos en la empresa y en la calle con los piquetes de las fuerzas de represión.
Aceptada la camisa de fuerza como normal, aparece la batería cultural sedante de atrás, un cine de fácil digestión, una promoción del arte sin la meditación consiguiente, de pasar sin ver, de novelas “geniales” de autores jóvenes que luego de eso desaparecen, la moledora de música, una banda tras otra, la extinción de la crítica, para que todo dé lo mismo, la biblia junto al calefont, generando con esta carencia de valor una suerte de nivelación hacia abajo, a piso, que resta toda importancia al que sabe y al saber, y que augura tiempos aún más complejos para la literatura y el arte, o directamente su extinción.
Este aparato, este montaje ideológico que sostiene el sistema neuronal adormecido, sin profundidad ni espesor, se esmera en generar sensaciones epidérmicas de totalidad, con poco, turismo empaquetado, gurúes y santones de moda, baños especiales, gimnasias varias, etc.; procesos falsos de individuación en jornadas deportivo laborales con compromisos de tiempos metas, comentarios introspectivos, con la intención de generar una valla de contención al humano criterio, haciéndote escuchar a líderes ejemplares del solipsismo y la individualidad, profetas ridículos y aparentemente convencidos (Cubillos (Q.E.P.D), Flores, etc.) dictando charlas y cursos de integración eficaz, finalmente con el objetivo de alterar el sentido común y dar por cierto lo que de ninguna manera en otras condiciones aceptaríamos como tal, un autoanálisis de corte muy menor que justifique el doble o triple papel con que el individuo debe a diario lidiar, omitiendo y callando, ignorando, hasta dejar de ver, porque no es problema tuyo, te dirán, generando esa suerte de impunidad que ha logrado imponer el sistema, en la que cualquier empresa te cierra el paso público por ejemplo, o tú mismo cierras la calle con toda propiedad, desvinculándote de toda responsabilidad con el prójimo, social y/o medioambiental, a la manera de cumplir con tu trabajo, nada más, como cumplía con su trabajo el torturador hace apenas veinte años, aquí mismo, en esta ciudad y hoy deambula tranquilamente por la calle. Era su trabajo.
Eso, cremas dermatológicas para un enfermo terminal.
Roberto Rivera Vicencio.
Santiago, febrero 2012.