La ciencia y la tecnología en el siglo XXI, influencia y cambios
 

Roberto Rivera Vicencio



Influencia y Cambios en la Cultura y las Artes

 

Cabría, a efecto de percibir con mayor precisión la magnitud de los cambios, sumergirse en el siglo anterior, en el comienzo de este fenómeno y la repercusión que provocó el uso de materiales más ligeros y de fina manufactura que permitió por ejemplo, pasar del monopatín a la patineta, provocándose con un juego, no sólo un salto industrial a nuevas y sofisticadas manufacturas, sino además y junto con ello, agregar vértigo y velocidad desconocidos a la experiencia cotidiana, la pista atlética de tartán que mejoró marcas antes imposibles de alcanzar por el hombre como bajar de los10 segundos en los 100 metros planos, y muy pronto sería el computador el que invadiría toda actividad de oficina, luego en la producción, sumando a  toda actividad productiva humana la misma sensación de inmediatez, vértigo y velocidad. Así del mismo modo la circulación del dinero. 

 

Algunas visiones

Civilización del espectáculo o mutación cultural

 

Mario Vargas Llosa publicaba el 2012 un libro de ensayo, “La civilización del espectáculo”, Editorial Alfaguara, Madrid, 232 páginas, en el cual deslizaba con manifiesto pesimismo, desde una posición tradicional respecto del arte que, las transformaciones que han experimentado todas las esferas de la sociedad en el último siglo son sinónimos de decadencia y declinación, y lo hacía llamar civilización del espectáculo, “porque hemos convertido al entretenimiento pasajero en la aspiración suprema de la vida humana”. No existiría, ningún ámbito que en nuestros días no haya sucumbido ante dicha necesidad de hacer de cualquier manifestación humana un pasatiempo evasivo, una diversión vacía de sentido y de profundidad. El auge de la prensa amarilla, el imperio de las redes virtuales y de la televisión , las banalización casi absoluta de la actividad artística, la extinción del erotismo en aras de una sexualidad básica y meramente instintiva, el empobrecimiento de la política, la supremacía de las imágenes por sobre las ideas, los estragos del posmodernismo en el terreno de las humanidades…son los argumentos de Vargas Llosa a la hora de demostrar la crisis que experimenta la cultura en nuestro tiempo, la demostración que ésta se ha convertido en un fantasma inaprensible, multitudinario y traslaticio. En cuanto a la academia critica el “lenguaje abstruso” y la “tiniebla expresiva” que reinan  en el circuito de las humanidades, donde impera hoy un hermetismo elitista y la pretensión de cientificidad.

 

Por su parte Milan Kundera, aporta, en el “Arte de la novela”, (Original diciembre 1987) Fábula Tusquets Editores, 3ra edición, mayo 2007, expresa: “El hombre se encuentra en un auténtico torbellino de la reducción donde el “mundo de la vida” del que hablaba Edmund Husserl se oscurece fatalmente y en el cual el ser cae en el olvido”…”La novela, como toda la cultura, se encuentra cada vez más en manos de los medios de comunicación”…Dada la imperativa necesidad de complacer y de atraer así la atención del mayor número de personas, la estética de los medios de comunicación es inevitablemente la del kitsch, a medida que abarcan toda nuestra vida y se infiltran en ella, el kitsch se convierte en nuestra estética y en nuestra moral cotidiana.

Y prosigue Kundera, “Hace ya bastante tiempo que el río, el ruiseñor, los caminos que atraviesan los prados, han desaparecido del pensamiento del hombre. Nadie los necesita ya. Cuando la naturaleza desaparezca mañana del planeta, ¿quién la echará en falta? ¿Dónde están los sucesores de Octavio Paz, de René Char? ¿Dónde están aún los grandes poetas? ¿Han desaparecido o su voz se ha vuelto inaudible?…Pero si el hombre ha perdido la necesidad de la poesía, ¿se dará cuenta de su desaparición? El fin no es una explosión apocalíptica. Probablemente no haya nada más apacible que el fin.

 

Por su parte el escritor Alessandro Baricco, conocido en Chile por su novela “Seda” manifiesta una posición absolutamente distinta ante el fenómeno y lo deja de manifiesto el 2006 con la publicación de “Los bárbaros” (Ensayo sobre la mutación), correspondiente a 30 artículos aparecidos previamente en el periódico La República, entre mayo y octubre del mismo año: “Escribí ese libro –confiesa- y lo hice para aclararme a mí mismo y a los demás el hecho de que con toda probabilidad aquello a lo que estábamos asistiendo no era una invasión de bárbaros que barrían nuestra refinada civilización, sino una mutación que nos concernía a todos y que a corto plazo iba a alumbrar a una nueva civilización”. Posteriormente el 2018 publica “The Game”, un ensayo que podemos entender, que entendemos como una continuidad, en el cual confirma y explica esta “mutación”, o el cambio civilizatorio al cual estaríamos asistiendo con plena participación.

Precisamente en “Saqueos” de “Los Bárbaros”, que no es precisamente un capítulo, con tres “productos”, vino, fútbol y libros, entra en materia y sostiene el advenimiento de una praxis distinta, que parece disipar el sentido, la profundidad, la complejidad, la riqueza original, la nobleza (todo aquello que Vargas Llosa y Kundera lamentan y condenan) y hasta la historia de cada uno de estos “productos”, una determinada pérdida de alma en ellos, una revolución tecnológica que rompe de improviso con los privilegios de una casta (¿Vargas Llosa, Kundera, Chomsky, Skármeta, etc. etc.?) que ostentaba la primacía del arte, un vino de mesa de California, fresco, añejado en vasijas de aluminio.  

Después de la segunda guerra mundial los norteamericanos regresaron de los campos de batalla franceses e italianos y se llevaron para la casa el placer y el recuerdo del vino. En Oakville, 1966, un señor Mondavi, decide hacer vino para los americanos, y adaptarse al público americano, en un lugar adonde el artista y el encargado de marketing son la misma persona, que sabe que su público come de manera rudimentaria, nunca confit de canard, un vino como un drink, simple y espectacular basta. Le fue bien, esa idea suya se convirtió en un  modelo, muy distante del arte de los grandes vinos, pero de un color hermoso, alta graduación, sabor rotundo y fresco, sin molestos taninos, una plenitud de aroma y sabor, instantáneo, manipulado sin excesivos temores reverenciales, muy lejos del conjunto de fragancias complejas del envejecimiento, de recuerdos, frutos secos, cueros, flores, frutas, hierbas y tabaco, cinco mil aromas, muy lejos de la profunda y larga persistencia del sabor en boca. Un éxito. Un vino hollywoodense, un vino sin alma. Estados Unidos hoy consume más vino que Europa, y de allí se convierte en fenómeno planetario. Camboya, Chile, Yemen, Egipto… Incluso Francia e Italia, las grandes patrias del vino, han comenzado a producirlo. 

La llegada de una forma elegante de barbarie. Lo que parecía un arte reservado a una aristocracia agrícola de antiguo linaje europeo se convierte en una práctica al alcance de mucha gente. Una determinada masa de gente invade un territorio al que, hasta ahora, no tenía acceso: “En las consignas de los bárbaros se escucha el suave diktat del Imperio” “No tenemos ganas de hacerlo mejor”.

 

Y con el fútbol qué ocurre, cómo los bárbaros se apropian de las canchas y los estadios, la imagen sintética es la del jugador Baggio en la banca, señala, el gran delantero Roberto Baggio, uno de los más notables futbolistas, subcampeón en USA 1994, en la banca, qué ocurre, el talento, el artista, se prescinde del excepcional, el rito se ha multiplicado, todos los días se juega, y lo sagrado se ha diluido, los bárbaros desmantelan lo sagrado, ese fútbol donde no existe el contragolpe y no se practica el fuera de juego, se termina, el viejo fútbol de marca hombre a hombre, la marca por zonas también se termina, por eso Baggio el grande está en la banca, porque se ha creado un sistema de juego menos cerrado, en que la grandeza personal se ha redistribuido entre los once, diseminada en la intensidad del espectáculo, el viejo fútbol de los duelos personales y división de tareas ya no rinde como fútbol ni como espectáculo, y el bárbaro preferencia el espectáculo. El fútbol moderno rompe con la parcelación de sentidos, a un único acontecimiento en el que todos participan constantemente. El fútbol total no se logra con los viejos baluartes, ni Riva, ni Rivera, si todos tienen que hacer de todo, difícil es que todo les salga muy bien, y debemos aceptar esa tendencia a la medianía, deprimente por definición, pero no lo es para los bárbaros. Para que suceda de todo y en cualquier parte de la cancha, tienes que correr rápido, jugar rápido, al toque, pensar rápido, con el genio la pelota rota lenta, aburre, en la medianía el sistema de juego alcanza una circulación rapidísima, espectacular, todos simultáneamente y muchas posibilidades, y si para obtener esta vertiginosidad debes dejar a Baggio en la banca, pues bien, “un sistema está vivo cuando el sentido se encuentra presente en todas partes, y de manera dinámica”

El fútbol sirve para olfatear las cosas.

 

Un aumento de las ventas de libros, prosigue Baricco, muestra un claro predominio de la lógica mercantil, típico de las invasiones bárbaras, que desmonta verdades asumidas, como que la gente ya no lee, en tanto en USA la producción de libros aumentó en un 60%, en Italia en 20 años se cuadruplicó. Tal vez la gente hoy no lee lo que antes leía el público lector clásico, donde una pequeña empresa familiar, en una mezcla de pasión con pequeños beneficios daba con el canon y su gusto y lo atendía en forma personalizada.

Mas hoy, donde había librerías ahora hay tiendas inmensas, donde había un editor en busca de belleza y talento hoy encontramos un hombre de marketing con un ojo en el escritor y dos ojos sobre el mercado, multinacionales de la edición. De una distribución neutral de textos evolucionamos a una distribución de los más aptos para el mercado, donde había reseñas y críticas, ahora hay clasificaciones y entrevistas, donde había sobria comunicación hoy tenemos publicidad desbordante y agresiva en la que prima lo comercial.

¿Se está matando a Gustave Flaubert, Baggio queda en la banca para siempre, el vino simple de mesa supera a un buen barbaresco o a un barolo?

Un marxista habría explicado lo mismo bajo las leyes de la dialéctica, cuando el proceso de cambio de la cantidad supera los límites este se convierte en cualidad, como el vino hollywoodense imponiéndose en los mercados, o los libros, lo cual trae aparejado un cambio en los modos de producción también, que se reflejaría en las relaciones de producción, es decir, los bárbaros asaltando el poder establecido.

 

De Libros y Lecturas

Desde la lectura misma

 

Han transcurrido varios siglos para encontrarnos con el desarrollo de la imprenta, que es cuando la lectura se puede masificar y transformar su morosa práctica en un placer individual y social, que dinamiza este proceso comunicacional que va de la creación y la edición, al lector y el crítico – y en una suerte de sentido común de época – establece un canon o lecturas modelos que, al decir de Harold Bloom, lo encabeza Shakespeare y el Pentateuco, sorprendiéndonos al aseverar que, este habría sido escrito por una de las esposas o favoritas de Salomón, de origen Hitita, quien supo con su genialidad penetrar las capas más profundas del inconsciente y la espiritualidad.

Este placer que brinda la cultura y la modernidad – un placer no exento de sacrificios, en el cual su aprendizaje que exige desde destrezas neurológicas, físicas y corporales, a la adquisición de códigos y el ejercicio de la inteligencia y la memoria – fue durante siglos patrimonio de escogidos, en torno de los cuales se formaban grupos y hasta no hace mucho en nuestro Chile, la familia reunida en torno de quien leía las noticias como registro de cuando la lectura fue un hecho social.

El proceso que acompaña la lectura intensiva, pocos libros muchas veces, la biblia, almanaques, a la lectura extensiva, muchos libros una vez, corresponde al desarrollo vertiginoso, que nos trae del medioevo a la modernidad y a la post modernidad, donde ya emerge la cultura de masas y de la imagen, el cine, la televisión, la inmediatez de las comunicaciones, el computador e internet. De allí en más una merma constante de lectores parece ser la norma que acompaña paradojalmente una superproducción de libros de ficción. 

Se encienden las alarmas, las instituciones y hasta el Estado, se ocupan del problema, con políticas que la realidad día a día se encarga de ignorar y desconocer.

¿Qué es lo que ocurre? Eso es lo que intentaremos desentrañar.

Cifras que la cámara chilena del libro maneja como un gran éxito editorial, lamentablemente no se condicen con la lectura de estos mismos textos. Efectivamente hacia 1990, los lectores permanentes de literatura y de ficción llegaban a 10 mil en nuestro país, y hoy no superan los 2 mil, es decir, pese a las políticas y esfuerzos del Consejo del Libro y a las autoridades relacionadas con la lectura y la educación, la cantidad de lectores disminuye dramáticamente año a año. 

Sin ánimo de desdeñar la lectura útil y práctica, queda excluido de este análisis, ese otro porcentaje de libros publicados que alcanza un 68,96% anual, correspondiente a textos legales, políticos, filosofía, de educación y autoayuda, de ciencias e ingeniería, agricultura, religiosos, esoterismo, etc. etc. que excluiremos por escapar, al menos en su intencionalidad, del carácter de ficción (Arte) que es el tema que nos ocupa, y a los cuales, pese a su utilidad no nos referiremos. Igualmente queda fuera de este análisis el libro de ficción “informal” o “cunetero” que se vende y distribuye en las ferias de chucherías y de supervivencia, de los cuales no existen estadísticas ni de sus ventas, ni del heroico lector que corre el riesgo de ser detenido y multado por acceder a la lectura a un cuarto del precio del mercado formal de librerías.

La lectura de ficción, frecuentemente a lo largo de toda su existencia, ha sido considerada como un peligro, amenaza que hoy no pareciera ser determinante en el fenómeno que estudiamos; sin embargo, no es fundamentalmente por este latente peligro que la literatura haya perdido lectores y adeptos.

La lectura de ficción, entre sus características principales, somete al desocupado lector a una suerte de reescritura de los textos con sus propias vivencias, de modo tal que también el lector se vuelve un creador, que genera para sí la propia seducción del texto que lee, circularidad que lo hace cómplice y a la vez lo lleva – junto con leer – a vivir la obra. Esta cercanía, entre narrador y lector, genera una identificación entre ambos que anula todo “peligro” incluso la conciencia de que este exista. De pasada, este lector adquiere un conocimiento de sí mismo que por ninguna otra vía podría alcanzar. Áreas profundas de la personalidad quedan al descubierto y un tipo o forma de meditación se abre paso, una meditación que no viene de la razón, sino desde la delicadeza de los sentidos que, con Marcel Proust por ejemplo, alcanza profundidades del espíritu que desconocíamos:  “El caso es que cuando yo me despertaba así, con el espíritu en conmoción, para averiguar, sin llegar a lograrlo, en donde estaba, todo giraba en torno a mi en la oscuridad: las cosas, los países, los años”.

Pero Marcel Proust ya no existe, sin embargo, puedo dialogar con él y como decía Francisco de Quevedo puedo “escuchar a los muertos con los ojos” Los Incas compusieron una bella imagen también para el lector, al ver leer a los invasores, dijeron que estos “conversaban con papeles”

La palabra escrita y su prestigio también está asociada a un carácter sagrado, en las religiones del libro por ejemplo, judaísmo, cristianismo y el Islam, en las cuales, el libro mismo es carne de lo dicho, porque son sagrados en el todo y en cada una de sus partes, en la estructura y composición, hasta la palabra que abriría todas las puertas, que por más símbolo que sea, lo materializa, lo hace ver a través de una unidad de lenguaje y voz.

Pese a este prestigio antes señalado y a que la lectura puede considerarse como un capital atesorado consistente en conocimiento y distinción, en libertad de pensamiento y elección, los lectores no cesan de disminuir. Los motivos son diversos y de distinta naturaleza y origen, en la base de todos ellos, encontramos un mundo que cambia vertiginoso, desde la irrupción de la televisión al computador y la Internet; con ello la cultura de la imagen se sitúa en el centro de la producción y superproducción para el mercado del tiempo libre y la entretención, un mundo en el cual el artista no es el demiurgo que conecta con lo celeste y el infinito, sino un fabulador que produce para el mercado de la entretención, es decir, la relación antes de identificación, narrador vs. lector, se ha profanizado en una suerte de promiscuidad creativa – receptiva, sin grandes aportes a la tradición productiva de ficción. Por otra parte, atenta también contra la lectura, el carácter del tiempo, en el cual la velocidad de rotación del dinero y la inmediatez tecnológica del correo electrónico y el celular, el whatsap,  imponen una pauta de tiempo libre, y una calidad del mismo, diametralmente opuesto al de los procesos productivos de 30 años atrás y a la psiquis que lo acompañaba, ampliándose las jornadas laborales de manera incluso voluntaria a tiempos que impiden toda relación con la lectura y el libro de ficción, una suerte de relación en permanente carencia con la familia y con los propios afectos.

 

Otras son entonces las necesidades y las disposiciones que constituyen este nuevo sujeto producto del sistema internacional del capitalismo, un sujeto caracterizado por el síndrome de la fragmentación, volátil y flotante, poroso, descentrado, (este bárbaro en palabras de Baricco) proclive a asumir identidades diferentes, y para el cual, la lectura de ficción le resulta como una supervivencia de costumbres inútiles y añejas, lentas horas perdidas en el limbo o la nada sin efecto práctico alguno, por tanto descartable. Este sujeto esencialmente práctico, este target, que desdeña toda otra lectura también, incluso la práctica, se nutre de breves paper o resúmenes y ve enormes cantidades de cine por video y televisión, cine fluido y rápido, hablamos de un profesional moderno; en las antípodas, los marginales que carecen de todo y por supuesto de literatura también. En ambos casos, entre el stress de la producción para el mercado y la dramática picaresca del eterno cesante, la ficción narrativa queda como un lujo de iniciados, individualidades que se desprenden de la arrolladora máquina moledora cotidiana y se sumergen en el ritual de volcar la hoja, y componer con sus propias vivencias la sinfonía que las palabras hilvanan, los mundos imaginarios que sustentan el mundo real. Porque el mundo real es en grado sumo semejante y congruente con el imaginario social dominante, que si este es estrecho y miope, estrecha y miope será la realidad, en tanto no se abran las compuertas de la imaginación generosa y la solidaridad del que convida afectos, ideas y ganas, el creador encarnado en el cuerpos social, como lo fue “Rayuela” de Julio Cortázar, “El vaso de leche” de Manuel Rojas, “El roto” de Joaquín Edwards Bello, “La viuda del conventillo” de Alberto Romero”, “La última niebla” de María Luisa Bombal, “Eloy” o “Sesenta muertos de la escalera” de Carlos Droguet, o “Coronación” y “El obsceno pájaro de la noche” de José Donoso, “Frente a un hombre armado” de Mauricio Wacquez…

Este fracaso que no es sólo nacional, se debe en parte a los cambios tecnológicos y civilizacionales que sufre el mundo, cuyos parámetros difieren con la morosidad que se articula la ficción, a la aparición de nuevos medios de diversión y entretención, la TV, el DVD, el MP3 y 4, el celular multifunciones, los multicines y al carácter de evento y producción que toma o que se  tiñe todo acto cultural, respondiendo más bien al resultado fácil y a la multitud, en una suerte de epidermismo que no compromete la fibras íntimas o se ampara en la histeria colectiva; arte en serie, artistas en serie, descartables, álbumes descartables, libros descartables, de temporada como la ropa, fenómenos pasajeros, inventados y producidos al efecto, generando un descrédito que el honorable intuye como pasajero y falso, pero es lo que hay, como se dice hoy, y detrás, sin duda una concepción que evita encontrarse frente al espejo, “la utopía realizada del liberalismo”, así lo expresa la escritora y ensayista uruguaya Josefina Ludmer, ya no rige la lógica del campo literario ni el criterio de valor. Tras de ello, también subyace una concepción ideológica sobre la lectura de ficción, que la evita a partir de su precio, de gravarla con impuestos, de volverla invisible, de ocultar y transparentar sus mensajes y sumirla en fanfarria y papilla chatarra, lejos, muy lejos de la sensibilidad y la inteligencia.

 

Con menor pasión y no menos inteligencia, el francés Roger Chartier se sitúa en otro nicho de la discusión entre el mundo digital y la cultura impresa, desde el lector, la lógica de la cultura impresa es la lógica del viaje, asevera, del azar y del descubrimiento en las estanterías de una biblioteca, en los diferentes textos reunidos en la página de un periódico o entre los espacios de las librerías. La lógica del universo digital es otra. Es la lógica de la previsión, de la expectativa que jerarquiza tópicos y palabras en clave. Es una lógica que busca anticipar, sin errores, los gustos o los deseos de los lectores, entonces podemos pensar que el mejor porvenir posible debería preservar la coexistencia entre estas dos lógicas, que no responden a las mismas exigencias, a los mismos deseos, a los mismos provechos.

La lógica del viaje permite encontrar lo que no se buscaba, lo que se ignoraba. La lógica digital, que es la lógica del algoritmo (movilizado por las empresas) transforma a los usuarios en banco de datos. Así se propone a ellos lo que inconscientemente prefieren y esperan.

Esencial es preservar, concluye, las instituciones y prácticas que permiten los descubrimientos y los placeres de la casualidad.

 

Google 1, 2 y 3

Por aquí comienza o comenzaría efectivamente la invasión de “los bárbaros”, si los signos y síntomas bullendo en la cabeza no confunden, una innovación tecnológica que rompe con los privilegios de una casta, –así de claro- que abre la posibilidad de un gesto a una población nueva, –al leer el conjunto podría ver al animal en plena carrera- el éxtasis comercial que va a ocupar el gigantesco ensanchamiento del juego, el valor de la espectacularidad, la adopción de una lengua moderna como lengua base de toda experiencia…, la simplificación, la superficialidad, la velocidad, la medianía, el pacífico acomodo a la ideología del imperio americano, el laicismo instintivo que pulveriza lo sagrado, la sorprendente idea que cualquier cosa tenga sentido e importancia únicamente si consigue enmarcarse en una secuencia más amplia de experiencias, y ese sistemático ataque, casi brutal, al tabernáculo: siempre, y sea como sea, contra el rasgo más noble, culto, espiritual de todos y cada uno de sus gestos. Movimientos todos en forma simultánea.

Bajo los subtítulos de posexperiencia, consternación, homeland, y posexperiencia de uno mismo, Baricco desarrollará a continuación la idea de un individuo que comienza, a fuerza de abusar del video juego frente al computador, de un superficial multitasking permanente, comienza a conectarse con la vibración, con la esencia de la vida y el alma de las cosas que emerge de esta experiencia de la cual, hombre, teclado, computador, vueltos uno, que amalgamados, provocan este fenómeno resultante, para el cual, “mil hijos atontados, en el caso de que realmente los encontremos, no valen lo que ese único que está ensayando realmente en el multitasking el movimiento al que, tarde o temprano, le deberá su posibilidad de extraerle un sentido a la vida”. Lo esgrimido si bien tranquilizante, entendido como proceso individual del hombre -y principalmente los hijos- en vías de cristalizar en un mutante que ingresa a una nueva civilización.

En 2016, un software desarrollado por Google enfrenta en una competición de Go al número uno de la especialidad, el surcoreano Lee Sedol. AlphaGO, entrenada en memorizar 30 millones de partidas selectas, trabaja con redes neuronales profundas acorde a sus diseñadores y aprende, inventa movimientos, aplica estrategias, es decir, corresponde al desarrollo de Inteligencia Artificial.

 

Una insurrección exitosa que se torna en una nueva y naciente “civilización”.



Bibliografía:

“La civilización del espectáculo” Ensayo. Mario Vargas Llosa. 2012. Editorial Alfaguara, Madrid, 232 páginas.

“Arte de la novela”, Milan Kundera. Colección Fábula. 1987. Tusquets Editores. 194 páginas.

“Los Bárbaros” (Ensayo sobre la mutación) 2006. Alessandro Baricco.

“The Game” Mayo 2019. Alessandro Baricco. 331 páginas.

“Cultura escrita y textos en red” Roger Chartier. 2019. Editorial Gedisa. 144 páginas.