El ministro se deprecia aceleradamente.

 

Luksic y Claro salen en su apoyo, muestran su preocupación por la pequeña y mediana empresa – quién lo creyera – y reprenden a la derecha auténtica por reprobar en el Senado la depreciación acelerada, esa medida que en nada, pero en absolutamente nada beneficia a las pymes, y sí a la concentración oligopólica, es decir, a ellos mismos.

La aparente confusión sirve para que aclaremos las ideas. El paquete de medidas pro crecimiento del ministro, aunque quiso pasar el balurdo como tal, seamos sinceros, no traía ni un sólo engañito para las manoseadas pequeñas y medianas industrias nacionales, ni para las capas medias de la sociedad, sino una confusa engaña pichangas, en cuyo núcleo y centro, pese a los señuelos pro…pymes, pro…crecimiento – muchos pro – se podía distinguir el efectivo y feroz anzuelo neoliberal como objetivo único y final, la depreciación acelerada. En términos efectivos esto significa para la gran empresa tributar menos aún y hasta donde dé. De allí, la idea es que algo debe chorrear, y los que ya llevamos un tiempo en el país, sabemos lo que chorrea y lo que no.

El caso es que el ministro, que le gusta que los tontos sean tontos y que no dejen de serlo, insiste, porque sabe que al fin la derecha auténtica, tal como corresponde, lo aprobará, y la otra derecha lo hará también, pero el buque estará, ya está dañado, en muchos rostros ya se trasluce y se ve, porque ya no esperamos mucho, mejor dicho no esperamos nada, no esperamos que el IVA vuelva al 18% como se prometió, o incluso al 16%, no, no lo esperamos ya, tampoco esperamos una reprogramación de las deudas tributarias y de IVA para las pymes, no, no lo esperamos, ni tampoco que bajen las tasas de interés de la máxima convencional, no, a decir verdad, no, una reprogramación genuina de las deudas con el sistema financiero, no, eso tampoco lo esperamos, ni generar investigación, nada de eso esperamos, ni proyectos conjuntos de pequeñas y medianas empresas, no, ni que sean sumadas a los proyectos de energía, menos, eso menos, que bajen las contribuciones a las viviendas de nuestra indigente “clase media” tampoco, antes al contrario, como los mellizos de la novela “El gran cuaderno” de Agota Christoff, hacemos bien en preparamos para lo peor.

El Transantiago, tan inconsulto y por todos padecido como la Constitución del ochenta, es un anuncio que no podemos olvidar, el desmontaje de los partidos y movimientos sociales tampoco, la concentración económica y del poder a todo nivel, dos supermercados, dos bancos, una empresa de cables, cinco tiendas, es decir, exactamente todo lo contrario a libre mercado y libre competencia; curiosas iniciativas estas que terminan en el efecto deseado pero al revés, así el Transantiago exacerba todo lo que prometía corregir, el uso del auto personal, los tacos y demoras, el peligro y la incomodidad, el derroche de horas hombre y combustibles, etc. etc. Así también esta agenda de “pros”, que vía depreciación acelerada puede desembocar en más “contras” que “pros” y el ministro en caída libre por el sólo efecto de la gravedad.

 

Roberto Rivera V.

Escritor.