Generación NN´80
Roberto Rivera Vicencio
En primer término cabe señalar que no todo el mundo está de acuerdo a agrupar a los escritores por Generación, hay otros tipos o formas de agruparlos como por ejemplo por movimientos literarios como creacionistas, existencialistas, los inútiles, los surrealistas, la mandrágora, el grupo Trilce de poesía, Los de Unión Chica, por regiones y países sin duda, etc. naturalismo, realismo, etc. O directamente que sólo hay buenos y malos escritores.
Pero dentro del ámbito que nos importa y del devenir histórico, fue Cedomil Goic quien nos familiarizó con agrupar a los escritores y a los narradores, porque los poetas tienen además otros códigos y también otras intensidades que los lleva a agruparse de un modo distinto.
Los narradores como Generación del ´38 por ejemplo adonde encontramos a figuras como Manuel Rojas, Nicomedes Guzmán, Alberto Romero, Luis Merino Reyes, Juan Godoy, Francisco Coloane, Fernando Alegría…etc. los del Cincuenta adonde encontramos a Enrique Lafourcade, José Donoso, Claudio Giaconi, Hernán Valdés, Carlos Droguett, etc. Así llegamos a los novísimos como se les llamó donde encontramos a A. Skármeta, Poli Délano, Carlos Olivares, Jaime Hagel, Ramiro Rivas, Germán Marín, Fernando. Jerez, etc.
Pues bien, de ahí nace llamar a la generación de aquellos años como NN en principio con una alusión a los desaparecidos y de los 80 que son los años en que este grupo de escritores comienza a publicar y ocupar los espacios de la crítica. Este nombre lo acuña el poeta Jorge Montealegre.
Se trata de escritores nacidos alrededor de los años 48/49 y los 60 y una de sus vivencias comunes es que comienzan a escribir durante los años del golpe de estado, en una época que además de cárcel, tortura y desaparecidos, se vive con sigilo, inadvertidos en la clandestinidad, con censura previa y quema de libros.
Desde la SECH nacen movimientos de resistencia cultural como la UEJ, la unión de escritores jóvenes, la ACU desde la U. De Chile y comienzan generar espacios culturales con cuartillas clandestinas, lecturas, teatro, revistas, talleres formativos como los de Enrique Lafourcade, Mariana Callejas, Martín Cerda, posteriormente José Donoso.
En ese ámbito al que se llamó “Apagón Cultural”, este grupo diverso de artistas comienza a copar espacios públicos de atención, a la que la política de partidos y movimientos se vincula en principio para luego permear la apertura generada por los artistas; así la política partidaria comienza a apropiarse de ese espacio desde las orgánicas partidarias hasta posicionarse en el centro del espectro desplazando a los artistas del eje original. Lo claro, y es importante señalar que parte importante y pública de la resistencia partió desde la cultura y muy especialmente desde la literatura, desde la mismísima Sociedad de Escritores de Chile.
Cabe señalar que, este grupo de artistas en desarrollo y en resistencia, por las características mismas del país en ese momento, es muy heterogéneo y con distintas vertientes formativas, por ejemplo Urbina ha vivido en Buenos Aires y Canadá cuando instala el microcuento en el país con ese estupendo libro que es “Las malas juntas”. Dentro del país, por otro lado Diamela Eltit que por edad no queda fuera de este grupo y ya es premio nacional, viene del Colectivo de Acciones de Arte (CADA), un grupo que integra otras disciplinas a la narrativa y la poesía, a la academia, con figuras Ronald Kay, Loty Rosenfeld, Raúl Zurita, Nelly Richard, en un interesante trabajo a medio camino con mucho de los discursos culturales. También dentro del país con un estilo más bien clásico, Antonio Ostornol publica “Los recodos del silencio” (81) y “El obsesivo mundo de Benjamín” (82) siendo ambas de las primeras novelas de esta “generación” que podríamos clasificar de “remolona”, si no consideramos el profundo shock y trauma que les ha provocado el golpe de estado, y el aislamiento social y la soledad represiva a que los somete día a día el régimen.
Otros van y vienen del exilio, Jaime Collyers de España, Ana María del Río no se mueve del país pero sufre un intenso exilio interno, por mi parte regreso de Buenos Aires, etc.; sin embargo, hay más de algo que los aglutina, pese a ser formados en distintas vertientes desde el boom latinoamericano, a la influencia de la literatura inglesa tipo José Donoso, con “La lección del maestro” y “Otra vuelta de tuerca” de Henry James, pero sólo tipo, como el mármol reconstituido, todos abrevan en la literatura norteamericana completa, la rusa, etc., y cada quien desde sus exilios efectivos y el exilio interior, saca sus muy personales conclusiones y forja una literatura que, por angas o por mangas, fue social y política, en el buen sentido sin slogan, ni compromisos sociales de realismo. Cabe mencionar la narrativa de Ramón Díaz Eterovic, Diego Muñoz, Pía Barros, Jorge Calvo, Sonia González, Juan Mihovilovic, Luis Tamayo, Liliana Elphic, y los casos aparte de Gonzalo Contreras, Carlos Franz y Carlos Iturra, que asisten al taller de la célebre Mariana Callejas comprometida en los atentados que costaron la vida al general Prats y señora en Buenos Aires y a Orlando Letelier en Washington, luego bajo el alero de Enrique Lafourcade; sin embargo, todos ellos, fuera del boom latinoamericano, con influencias y lecturas muy diversas, sin relación con las generaciones anteriores que comienzan a conocer ya relacionarse después de los 17 años de dictadura y exilio…, en tanto, algunos nombres se pierden como Mario Banic, Gregory Cohen, Eduardo Correa, Alvaro Cuadra, Edgardo Mardones, José Paredes…
Los autores que huían de ese “karma” dictatorial, de esa marca indeleble, caían sin consuelo en mundos vacíos, anécdotas sujetas en el aire sin sustrato de fondo, y el resto una literatura sin duda de peso muy lejos del panfleto y la consigna, como decíamos, con una madurez narrativa llena de recursos, así se construye este grupo heterogéneo que genera una propuesta diversa y que anuncia una renovación y resulta ser una amenaza cierta a muchas bandas, a la generación anterior de los novísimos a la que, pese a la cercanía, poco y nada le debe, excepto una convivencia que a la par con los gobiernos postdictadura terminan ignorándose unas a otras y en un divorcio absoluto.
De allí en más entre la caída de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, y con el advenimiento de los gobiernos post dictadura, el tejido social que ha sostenido práctica y culturalmente a la sociedad chilena es destruido, las redes sociales desarticuladas, y sus líderes aislados y perseguido según sea, con ahínco por las inteligencias de las clases hegemónicas y militares, en unión con sus nuevos socios, los sociólogos de las ONG en dictadura financiados por las fundaciones norteamericanas Ford, dueños de una rica información social recabada en dictadura y puesta ahora al servicio del modelo importado de una transición tipo España, se apropia del escenario político y de las consecuencias, el destape sin destape, y en cese marco de descomposición, el papel de la Generación NN´80 y su idea como grupo o conglomerado, la importancia que juega su presencia y su narrativa en dictadura, junto con el movimiento social son desmembrados e invisibilizados en una operación múltiple de una estrategia en la cual, el poder y la Cultura juega un papel central junto a los Tironis y Correas excluyendo y borrando a la prensa que ha soportado todo el peso transitorial, sus representantes, y a toda inteligencia que pueda poner en cuestión el modelo en marcha. El símbolo es el témpano impecable, blanco, candoroso, de pureza sin mancha que nos representa en las Ferias internacionales de Europa. Un efectivo lavado de activos.
Una nueva historia comienza a escribirse, “en la medida de lo posible” y “por razones de Estado” y entre ellas el nacimiento de otra idea que se superpone a la de Generación NN´80, una literatura “en la medida de lo posible”, ya en un marco de grandes conglomerados editoriales, de borrón y cuenta nueva, en ese marco nace la llamada Nueva Narrativa como fenómeno editorial que logra subsumir en el silencio a toda la lógica anterior, superponiéndose aparentemente como un movimiento de sólidas raíces creativas y de grupo creativo tipo boom, o creacionista que finalmente resulta no ser tal, los manifiestos esgrimidos resultan ser un invento, tipo operación manipuladora de conciencia que se harán tan populares hasta hoy dirigidas desde los centros de estudios hegemónicos empresariales asociados a segundos pisos y oficinas de inteligencias de cuyos nombres mejor no acordarse, que agrupan a un espectro que apuntaba a una forma distinta de captar la realidad, a los escritores, la edición, la representatividad y entre ellos de narradores que no querían ser identificados como críticos de lo ocurrido en dictadura, sino fuera de esa lógica, amparados en el modelo transicional, desligados del pasado en las que la Generación NN´80 habría quedado atrapada.
En medio de este panorama, cabe mencionar que la fuerza del movimiento feminista impone su género y las escritoras de la época, que ya tenían mucho de la tarea avanzada, generan fuertes vínculos entre sí, y un movimiento independiente basado en esta otra lógica que se desprende por así decir del tronco Generacional NN´80 así entendido para imponer sus propios criterios, y ampliar los límites y el espectro de una concepción que suma conquistas y visiones que no fueran atendidas anteriormente, pero que la Generación incorpora como capital compartido en vistas al nuevo mundo que viene. Por otra parte surge un narrador como Pedro Lemebel que también corre por fuera por así decir, con todo un bagaje que suma a los tiempos.
Desde el exterior dos figuras, Luis Sepúlveda recientemente fallecido cuya literatura muestra un claro vínculo homenaje a Francisco Coloane, mantiene curiosamente desde el exterior más vínculo con narrativas anteriores que quienes viven en el propio país y que hace su carrera en Europa descolgado de los grupos internos, pero que bien logra imponerse en un medio siempre difícil como el viejo continente.
Punto aparte merece el caso de Roberto Bolaño, nacido en Chile pero que se forma como escritor esencialmente en México y luego radicado en España, que en este ámbito de disolución generacional, aparece de improviso en el país recordando una temporada de meses en el país en las que habría visitado las cárceles de la dictadura, para luego imponerse en el ambiente nacional como la revelación narrativa con una obra con su mérito sin duda, pero tan nacional como podría ser la obra de Jaime Bayly, de modo que en este panorama de escritores que escriben cada uno para su santo, cae al país como virgen de Guadalupe, o santo niño de la narrativa nacional que cubre con su manto editorial todo el ambiente, acompañado de una descomunal operación publicitaria y de inteligencia adjunta depreciando por una parte el valor de todos los nacionales, y borrando de paso todo vestigio generacional para convertirse en el santo Premio Roberto Bolaño desde el Ministerio de las Culturas, que ahora además con tres votos en la mano el gobierno de turno maneja de ahora en más el Premio Nacional de Literatura.
Simultáneamente la ilusión de “la nueva narrativa” también se derrumba en este contexto con el peso del santo niño sobre sus espaldas con escaramuzas propias quienes se quedan solos y comienzan a beber la misma medicina de los excomulgados de la Generación NN´80. Tal grupo entonces, con las características que se auto asignaba y que a las finales resultan ser más ficticias que reales se desploma como todo artificio sin substancia. La orfandad posterior y una lógica individualista copa la escena, todos son escritores nuevos, todo es nuevo, no hay tradición, no hay ruptura, se impone la norma en la cual los viejos ya no existen. El Chile anterior no existe, y una nueva Generación de jóvenes narradores familiarizados con las nuevas tecnologías, los mall, las hamburguesas y los libretos de TV, etc. comienza a ocupar los medios, se toma vitrina y escena, o le es cedida la escena y el centro de atención bajo otras condiciones, adonde el escritor, el rol del escritor, su importancia social no tiene peso alguno al lado de los feroces gurúes de la economía y del neoliberalismo, verdaderos leones a los cuales en el cuarto de hora correspondiente, los rock and pop se someten o les envían para su aprobación sus cuartillas de laptop.
La generación NN´80 entonces sale de escena sin una queja, no hay espacio ni siquiera para seguir siendo, y mejor sin llorar como en la política, es la consigna; de este modo, curiosamente algunos escritores de la generación anterior de novísimos establece una fructífera relación con quienes nos siguen, y a los NN´80 la historia, como en España, los pasa de largo, en una suerte de trampolinazo olímpico; en paralelo esa literatura pierde peso específico y cannon como grupo en todo ámbito, pierde peso y presencia social y vamos quedando todos a la deriva y fuera del escenario, o perdiéndose en el resbalín de la historia.
El castigo cae de todos lados y no queda más que sumergirse y apretar los dientes. La derrota de los NN´80 es completa, nadie se salva, salvo los dos o tres que el sistema consciente y aún no envía al olvido y que sostienen la estrategia, también por la calidad de sus obras.
Las redes sociales están rotas y en su deterioro se desgastaron, por ello el estallido juega hoy un papel importantísimo, porque logra recomponer el tejido social, lo cual seguido de una pandemia, cohesiona las redes que dormían por años, en ollas comunes, en ferias y en la protesta. Y todo lo que parecía no era. Había un grupo de individuos que juntos otra vez podían desafiar al sistema. En literatura este mismo encuentro es muestra inequívoca que comienzan los cambios y junto con ello una Constitución completa. Los jóvenes que no leían parece que leían de otra manera.
En las nuevas ficciones, la atención la llevan los suplementos de economía y negocios, un mundo de deliciosas ficciones, de emprendedores y sus sueños, a buen emprendedor…verdaderas novelas, fomes pero novelones, las acciones, los valores de monedas, en fin todo un mundo de oportunidades que en el desglose y la letra chica y la que se omite, como playa de mar brava, no apta para baño, pero no vienen con la bandera roja. En todo caso si se aprende a leer ese suplemento interminable, ahí vienen las claves de la política y los próximo pasos adonde se dirigirán los leones, el olfato ayuda pero no basta, el juego comienza arriba de los 50 palos verdes, lo demás, como el premio mayor, es ficción papilla para pobres.