“La Mano” Novela de Roberto Rivera Vicencio -Comentario de Andrea Campos Parra¨
La mano es una novela donde desde luego muy en el estilo del autor, (comentario: refiero el libro A fuego eterno condenados publicado en 1994 por editorial Balandro, o Piedra Azul publicado en 2001 por Bravo y Allende Editores, y por cierto también los cuentos Santos de mi devoción), persevera asertivamente, en la narrativa de la realidad; en este trabajo, eso sí, además, aporta ciertos toques experimentales que agilizan el ritmo del hablante lírico, ritmo tan propio de la época de los acontecimientos, muy acelerado diría yo, sin perder eso sí el propósito, todo para ayer, parece decirnos y este ritmo permea toda la lectura, como en los noventa, más que nunca, la eficiencia/eficacia comprometía tu ocio, tus horas con la familia, al final tu propio desarrollo como ser humano, humana. Pongo el foco entonces en esa rapidez de los acontecimientos sin que sobre ninguna palabra y tampoco falte ninguna palabra, el ritmo es muy ágil como la propia trama.
La mano, a diferencia de otros libros del autor, obedece a un desarrollo más concentrado, estamos hablando del lado oscuro de la realidad, de la basura de la realidad que para nada es aparente, por el contrario, aparece como una realidad dibujada con impresionante estética y lujosa existencia.
El personaje principal hace scanner psicológicos de todos y todas quienes lo secundan, Tomás es el personaje principal y lo sabe, se lo cree; y en ese juicio constante a quienes le rodean podemos oír su desidia, su apego irrestricto a la conveniencia de conocer al “enemigo” o al “adversario” que incluso forman parte de sus círculos más cercanos: una amante, un amigo, un cliente… Digamos que la familia en la historia de Tomás no existe, las emociones, los sentimientos ocurrieron en un pasado que no volverá, hoy está enfocado en el provecho, en las ganancias, en el poder que le ofrece el “milagro chileno”, “los jaguares de américa”. Cuántos, cuántos baby boomers como diría la sociología para centrarnos en la generación del personaje, envenenados en el modelo, sistema neoliberal, que nos mantiene tan lejos de los ideales colectivos hasta hoy.
Estamos enfrentados como decía, al lado oscuro de esa realidad tal y como hace la novela negra latinoamericana. Eso sí, no hay asesinos ni detectives, ni muertos aparentes, no los hay, en cambio, sí encontramos personajes abominables, serían los asesinos, a lo menos conspiradores, capaces de pasar por alto, “daños colaterales” como seguramente llamarán, por ejemplo: a entregar una lista de nombres para desaparecer o dejar fuera a los “rebeldes” de las aparentes oportunidades que la incipiente democracia nos ponía en la mesa, o persuadir y dejar de lado las convenciones institucionales, legales a través del uso de las estrategias comunicacionales. Pienso en la termoeléctrica Guacolda remitida en el libro, por ejemplo, levantada a principios de los noventa, a sabiendas del deterioro ambiental que provocaría en las comunidades de la tercera región, es en buenas cuentas, la lacra de la sociedad, la tan manoseada lacra de cuello y corbata, con personajes que aún en el siglo XXI, nos cruzamos a la vuelta de una esquina, en el trabajo, en el tránsito pero que principalmente, habitan las tres comunas más ricas de Chile, allí abundan. Personajes de la vida real (incluso mientras leía se me ocurrían unos cuantos iluminados: Tironi, Correa, Moreno…) que tanto daño han causado en el permanente intento de democratizar el país luego de una dictadura macabra, claro, cuesta arriba entonces acentuar la igualdad y la equidad. A ellos, como se dice, no les sale ni por curados. Es más, siguen siendo figuras públicas a quienes se les continúa consultando el pulso de Chile. El autor, decíamos se centra particularmente en la basura de esa elite de esta sociedad, especialmente la chilena, porque hay que decirlo, es una novela ciertamente chilena con la cultura que se ha ido anquilosando sin prisa pero sin pausa desde que por nuestra geografía e historia sumado a los representantes políticos, pasamos a ser el conejillo de indias del neoliberalismo.
La mano, intuyo, la de la conciencia, (la mano que aprieta, la mano que ahoga) que se le aparece, a Tomás, el personaje principal de la novela, aparece y lo desestabiliza cada cierto tiempo, no puede dormir, siente miedo, sin embargo, no es conciencia suficiente; sube a su audi y olvida inmediatamente en el apuro en la prisa que requiere el sistema, la angustia que le provoca esa mano, a fin de cuentas se está codeando con la creme de la creme de lo que hoy podríamos llamar la corriente cínica, que bien sabemos, no es precisamente el cinismo de la Grecia antigua, el cinismo de Antístenes, Diógenes, Crates y otros tantos famosos cínicos, (comentario: la primera palabra que me inspiró el libro fue cínico y me dí a la tarea de argumentar mi lectura) es ante todo un individualismo que rompe las normas sociales para su propio pecunio, que deja afuera las convenciones valóricas, morales. Actúa con falsedad, desvergüenza descarada.
La pluma ágil de Rivera y el ritmo impuesto a la obra, logra generar las atmósferas propias de las elites del siglo XX, especialmente las políticas, empresariales, y porque no decirlo, de las y los intelectuales que pareciera ser el acervo de este cínico. Son especialmente los años ochenta y noventa, donde proliferaron, y aquí hay algo muy importante, las llamadas agencias de comunicaciones, cuando comenzamos a incluir en nuestro vocabulario la palabra lobby y que hoy seguimos escuchando sin asco. Las estrategias para persuadir a las masa, o para pasar por alto ciertos acuerdos o simplemente para desviar la atención. Hoy sabemos bien lo que significa la información, entenderemos pues lo que significa el uso de información privilegiada.
Por otra parte el paisaje de la novela impone una estética que se afirma por ejemplo, en una banda sonora maravillosa: el jazz, la música clásica, los tangos, el fado.., también el paisaje de la literatura latinoamericana, Buenos Aires y sus librerías, cafeterías y escritores de la elite, como Bioy Casares el amigo de Borges, en definitiva la “alta cultura”, que nada tiene que ver con la cultura de todos y todas que hacemos los pueblos. Me refiero a aquella cultura que le ha servido a la publicidad, a las estrategias de la persuasión. A ésta, la cultura en el paisaje del libro, no tienen acceso las mayorías, se les entrega hecha publicidad, para lo que importa: el consumo. Esta es la cultura del mercado, de las “industrias creativas”, la que no se cruza con la educación, con las escuelas, en fin, me detengo aquí, puedo parecer muy subversiva.
Leer este libro es un ejercicio de memoria pero es otro tipo de memoria, esa que no solo guarda un dolor individual, familiar, de la amistad, del sueño de justicia, el horror de una dictadura cívico militar. No, esta memoria es de denuncia, devela un conflicto social, cultural, político en las elites que no se ponen de acuerdo, pone el foco por ejemplo, en los cómplices pasivos post dictadura de la vida cotidiana. Sí, cómplices pasivos como dijo el propio Piñera, que bien podría ser en la trama un personaje que le encargue un trabajito a Tomás o ser alguno de los personajes en sombra hasta el final de la novela.
El personaje principal, quien nos relata en primera persona con algunos pepe grillo que en la omnisciencia nos facilitan entender el entorno de Tomás, un hombre que alguna vez tuvo un ideal socialista, cristiano, donde se buscaba con fervor el Estado democrático de derecho, que hasta ahora en octubre del 2023, ya habiendo transcurrido cuatro años del estallido, nos sigue siendo ajeno. Ese hombre que cruzó la línea y muy pronto la belleza de lo consumible, lo adquirible para goce propio (poder y dinero) obnubiló y hasta hoy nos tiene anclados en la medida de lo posible; no en vano muchos y muchas optamos por sacudirnos en un estallido social que emerge de esa basura, la que lidera Tomás en esta Novela y que en el epígrafe, el autor nos hace ese giño de comprensión citando a Shakespeare, la tempestad y La Eneida de Publio Virgilio Marón.
No estamos frente a una novela que nos deja esperanzados pero sí al menos convencidos del daño que el sistema impulsa cuando todo se trata de economía y no de las personas y para que hablar de la significancia en la vida del planeta. Cuando todo cambió como recuerda con frecuencia el principal, un antes y un después de su exilio, un antes y un después en sus relaciones de pareja, un antes y un después en la conciliación del sueño, en definitiva, un antes y un después del acoso neoliberal. Y bien, me quedo con la palabra acoso para lenguajear estos tiempos y mirar de cerca el patriarcado que surfeaba en la cultura chilena del siglo XX. Las mujeres, sí, las mujeres aparecen a la hora del calentón, de la enemistad, de la envidia, de la utilidad… figuras psicológicas que los personajes manosean: como la call girl cuando refiere a las damas de compañía de los mafiosos gringos que llegaban a la tierra prometida. En definitiva, las señales del colonialismo imperante a las cuales, quiero creer hemos ido haciendo frente desde el feminismo, desde la resistencia y la denuncia. Finalmente las izquierdas de las élites, las que se acomodaron en el sistema y guardaron para sí las apologías al hombre nuevo. Cuando iba leyendo, sentí en carne propia las luchas que debimos librar las mujeres en esos tiempos, las mismas que seguimos librando ahora con algo más de acompañamiento y con la madures de nuestras decisiones, como por ejemplo dejar las andanzas “románticas” de Tomás para otra oportunidad, en honor al tiempo digo.
La mano, un título sugerente que quizás sea el lado claro de una realidad que seguimos experimentando en un Chile cada vez más cansado y desesperanzado con la posibilidad de experimentar de una vez por todas el tan ansiado Estado de derecho primando las ideologías de unos pocos, donde los estrategas comunicacionales estarán danzando, como tan bien lo hemos visto en los fracasos constituyentes.
Les invito a leer la novela, sacar sus propias conclusiones que yo, como simple lectora de novelas, porque mis intereses van siempre a la poesía, leo desde mis experiencias e historias, pero sí ejerciendo mi derecho al pensamiento crítico. A pesar de las décadas transcurridas la esperanza avanza cuesta arriba en un Chile donde todavía las elites y más ahora con las tecnologías, intenta persuadir la memoria con todos los artilugios de un sistema que se afirma en las personas con personalidades como la de Tomás, el cínico por antonomasia. Vale la pena no olvidar a estos personajes deleznables que van contribuyendo día a día a que nada cambie a que todo siga igual.
Andrea Campos Parra
Poeta, escritora, animadora cultural.
Octubre 2023